
Nuestro investigador ha podido presenciar cómo se golpeaban y daban descargas eléctricas a los animales que se negaban a avanzar, cómo se rompían los huesos de la cola a terneros incapaces de levantarse para obligarles a hacerlo... animales heridos que son empujados hasta quedar sobre un charco formado por la sangre de quienes habían sido matados minutos antes, cerdos aterrados por los gritos y golpes que son arrastrados varios metros por las orejas o a quienes les cortan el cuello mientras todavía están conscientes.
Hemos visto decenas de corderos asustados que son colgados vivos boca abajo que acaban bañados en su propia sangre y que tratan inútilmente de escapar ante la vista de los demás... conejos cubiertos por la orina de aquellos apilados encima de ellos y que podían ver, oír y oler la matanza de sus compañeros. Hemos visto animales tan hambrientos y desesperados que se comen sus propios excrementos y que están en constante estado de terror. Hemos visto todo esto y lo hemos grabado para poder hacerlo público y hablar por esos animales y exigir que les respetemos como merecen y dejemos de utilizarles.